EPÍSTOLA A DANIEL VILLEGAS
Hoy iba a escribir sobre otra cosa. Iba a redactar un
encendido análisis sobre la funesta realidad que nos ahoga, que nos roba la
esperanza día con día.
Tenía la intención de defender mi convicción sobre lo
que, desde mi particular punto de vista, está mal en mi país y en mi estado.
Quería señalar de nueva cuenta a quienes nos tienen sumidos en una espiral de
barbarie y violencia asesina, a quienes se han enriquecido a costa de nosotros,
que con nuestro esfuerzo mantenemos sus lujosos estilos de vida mientras más de
la mitad de la población vive en la pobreza.
Y entonces me acordé de ti. Recordé que hace cinco años,
una llamada me despertó temprano por la mañana. Me avisaban de tu muerte,
cruel, injusta, inoportuna. Me quedé pasmado. No podía creer lo que escuchaba.
Uno de tus hermanos me confirmó la desgracia. Me solté a llorar como un niño
que pierde a un hermano, que fue exactamente lo que a mí, a todos nosotros, nos
sucedió.
Fuiste una víctima más de esa brutalidad, de esa sinrazón
que mata lentamente a nuestro país. De esa violencia que sólo porque sí, es
capaz de segar una vida cuyo futuro era promisorio, luminoso, alentador.
¡Cuánto talento perdimos con tu partida! ¡Cuántas de nuestras ganas e ilusión de
vivir se fueron contigo!
Ha pasado un lustro desde que nos fuiste arrebatado. Con
tristeza, te digo que todo ha ido empeorando. Nuestra ciudad, la Pluviosilla a
la que tanto amamos y en la que crecimos, se ha convertido en un sitio
sumamente inseguro, en donde no se puede caminar tranquilo por las noches, como
solíamos hacer en nuestros años de juventud. Es uno más de esos lugares donde
la autoridad ha sido omisa, o cómplice, de la delincuencia que nos ha robado la
tranquilidad, que de varias maneras nos ha despojado de nuestra libertad.
Veracruz, el estado del que tuviste que emigrar porque no
había oportunidades de desarrollo, ahora es “gobernado” por una pandilla de
rufianes, peor que cualquiera de las que te tocó ver, que lo han saqueado. Sé
que eso te indignaría y que no tendrías empacho en manifestarlo, pues fuiste un
hombre de ideales y convicciones firmes, que ahora, en esta etapa de mi vida,
son inspiradoras para mí y para mi trabajo, lo cual te agradezco.
No todo es oscuridad. La semilla que sembraste en varios
corazones, en Orizaba, en Xalapa, en Hermosillo y Mazatlán, germina y da frutos
de distintas formas. Sigues viviendo a través de la música que nos enseñaste a
amar y disfrutar. Tu ingenuidad aún nos provoca cierta ternura, mientras
recordamos aquellas veladas de vino, María Callas y caldo de frijoles,
aderezadas con las carcajadas que despertaban a tus padres de madrugada,
cortesía mayormente de un servidor.
Pasaron ya cinco años desde que dimos ese último paseo nocturno
por la ciudad, del IRBAO a tu casa, con la urna con tus cenizas en mis brazos,
y brindamos contigo junto a tu piano, mientras el corazón se nos encogía y el
llanto nos traicionaba. Hoy sigues estando presente en cada reunión, en cada
arenga, en cada risa y en cada abrazo. En cada nota y en cada acorde.
Cuando partiste, aún no ejercía el oficio de columnista.
Me hubiera gustado que me leyeras, me criticaras y me dieras tu opinión. Pero
me gusta pensar que te habrías sentido orgulloso de lo que hago, como siempre
me sentí yo de ti.
Valgan estas líneas para hacerte un homenaje y expresarte
mi admiración y cariño. Nunca te olvidaremos. Ha sido y será siempre un honor
ser tu amigo, tu hermano, Daniel Emilio Villegas Megías. Ya luego nos
emparejamos.
Email: aureliocontreras@gmail.com
Twitter: @yeyocontreras
¡Qué hermosas palabras! Me has dejado sin habla con lo que has escrito y hasta con un nudo en la garganta... mucho me has conmovido y ha sido un privilegio haber compartido muchos de esos recuerdos contigo y con el Gran Daniel Villegas.
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