DEVORARSE A SÍ MISMOS
El sainete protagonizado por Rubén Rocha Moya, quien regresó a la gubernatura de Sinaloa después de más de tres meses de licencia para volver a solicitarla apenas unas 34 horas después, sería un teatro meramente grotesco si no revelara algo mucho más grave: el grado de descomposición interna alcanzado por el régimen de la autodenominada “cuarta transformación”, cuyos conflictos intestinos, expedientes criminales y lealtades contrapuestas comienzan a desbordar los mecanismos de control político construidos durante el sexenio de Andrés Manuel López Obrador. Rocha Moya se reincorporó a su cargo formalmente la mañana del viernes 21 de agosto, supuestamente por “decisión personal”. Pero la aventura duró poco más de un día. El sábado por la tarde-noche solicitó otra licencia, ahora indefinida, que el Congreso estatal aprobó el domingo por unanimidad. Sin dar más explicación que un escueto “por así considerarlo pertinente”. En esas 34 horas, la dirigencia de Morena se deslindó de su...