EL ATAÚD DE LA DEMOCRACIA
Las reformas legales y constitucionales recientemente aprobadas en la Cámara de Diputados —y que tendrán el mismo derrotero en el Senado— son parte de una pinza cuidadosamente diseñada para cerrar e incluso clausurar cualquier margen de acción ciudadana independiente y devolver al régimen la capacidad de manipular, anular y controlar elecciones a su antojo, como antaño, en las épocas “doradas” del PRI. El primer filo de esta pinza es la facultad prácticamente discrecional para anular elecciones. Bajo el discurso de “combatir la injerencia extranjera” o “garantizar la limpieza democrática”, se introducen mecanismos que permiten a las autoridades electorales —ahora colonizadas por consejeros y magistrados afines al morenato— invalidar procesos completos con criterios vagos y subjetivos. La consecuencia es devastadora: cualquier resultado incómodo para el régimen puede borrarse de un plumazo, reconfigurando la lógica del “si no gano, arrebato” que caracterizó al viejo priismo y qu...