LA PRESIDENTA ACORRALADA

Nunca en la historia de las sucesiones presidenciales del México contemporáneo, el mandatario saliente le había hecho sombra al entrante hasta el grado de borrarle de la escena por completo. La tradición política dictaba –incluso en la época de la fallida alternancia partidista- que una vez que el triunfo electoral era legalmente reconocido por la autoridad competente, todos los reflectores se dirigían al presidente electo, mientras que el presidente en funciones se replegaba paulatinamente para darle a su sucesor el espacio político suficiente para tomar las amarras del poder. Hasta en la época del “maximato”, Plutarco Elías Calles –quien puso a cuatro presidentes que lo sucedieron- operaba con discreción y no se imponía, al menos públicamente, al mandatario en turno, aunque sí políticamente. Hasta que Lázaro Cárdenas le puso un “hasta aquí” y lo desterró, literalmente, del país. Hubo otros presidentes que durante sus respectivos mandatos concentraron una enorme cantidad d...