CENSURA “ELEGANTE”
La libertad de expresión en México atraviesa
una etapa crítica ante el cerco institucional que combina censura previa, acoso
judicial y una ominosa tendencia a criminalizar la crítica pública y
periodística.
Los recientes y conocidos casos de acoso
judicial a periodistas y ciudadanos que “incomodaron” con sus críticas a
hombres y mujeres con poder político generaron mucho ruido mediático, críticas
mordaces en redes y, en algunos pocos casos, un costo político real para los
autoritarios, como la famosa pareja “Dato protegido”, a la que le salió más
caro el caldo que las albóndigas. Pero no pasó de ahí.
La realidad es que esa clase política
autoritaria y muy corrupta logró su cometido: censurar, silenciar e intimidar.
Además de humillar públicamente a ciudadanos de este país. Sin que eso se
volviera un verdadero escándalo a nivel internacional, como debió haber
ocurrido. Y lo más grave, sin que la sociedad mexicana repudie de manera
generalizada lo que en los hechos es la limitación de sus propios derechos.
Porque este precedente abre la puerta a que
cualquier crítica, periodística o meramente ciudadana, pueda ser perseguida,
judicializada bajo “argumentos” como el de la violencia política de género,
usada como herramienta de censura con el ruin objetivo de diluir, de contener y
de aplastar incluso la legítima fiscalización del poder.
La situación se agrava cuando el Poder
Judicial interviene directamente para censurar contenidos antes de su
publicación, como está sucediendo. En el estado de Campeche ya se prohíbe a periodistas
publicar sobre la folklórica gobernadora y hasta se crearon figuras de
“interventores” que “revisarán” la información de esos medios antes de que la
difundan. Un acto digno de una dictadura bananera.
Esto, que no es más que censura previa, prohibida
por el artículo 7mo constitucional, vulnera el principio de libertad de prensa
y establece un peligroso precedente que comienza a multiplicarse en diferentes
puntos del país, donde cada vez es más frecuente que jueces exijan a
periodistas revelar sus fuentes, bajar contenidos o “pedir disculpas”.
El acoso judicial –que comenzó a hacerse
visible en varios casos en contra de medios locales y reporteros en Veracruz, y
que por lo visto va a continuar-, es parte de un patrón de intimidación institucional
con una estrategia clara: agotar a los periodistas mediante litigios, presiones
administrativas y multas que los revienten patrimonialmente. Aunque sin duda es
menos grave que el asesinato de periodistas, es igual de corrosivo para la
libertad de expresión, pues a lo que nos enfrentamos es a una censura
“elegante”, estructural, “legalizada” por órganos del Estado mexicano que se
supone deberían proteger el derecho a informar, no destruirlo ni conculcarlo.
A unos pocos días de su disolución como un
organismo verdaderamente autónomo –lo que tarde que temprano lamentarán los
micos babeantes que hoy la festinan-, la Suprema Corte de Justicia de la Nación
emitió tres tesis jurisprudenciales que reivindican la libertad de expresión en
columnas periodísticas. Las tesis 126/2025, 127/2025 y 128/2025 establecen
criterios claros para proteger la opinión sobre asuntos de interés público,
incluso cuando se basan en hechos controvertidos.
Entre los puntos más relevantes destacan la protección
reforzada a las columnas periodísticas, reconociendo que, al ser espacios de
opinión, gozan de una protección especial, siempre que se basen en hechos
verificados con diligencia.
También se estableció la aplicación del
estándar de “real malicia”, en el que para que una figura pública pueda
demandar por daño moral, debe probar que la información es falsa y que fue
publicada con conocimiento de su falsedad o con desprecio por la verdad.
Asimismo, estas tesis aclaran que las
opiniones no pueden ser objeto de censura, incluso si resultan incómodas o
críticas, siempre que no constituyan incitación al odio o violencia.
En otro contexto, estas tesis de la Corte
serían suficientes para marcar un alto a la embestida autoritaria que desde el
régimen gobernante se abalanza sobre medios, periodistas y ciudadanía. Sin
embargo, a partir del 1 de septiembre comienza de manera efectiva una era de
justicia de consigna, por encargo, con ministros, magistrados y jueces de
“acordeón” que estarán no para defender la Constitución, ni los derechos
humanos, ni la libertad de expresión, ni la democracia, sino para proteger los
intereses de quienes los llevaron a esos cargos para hacer eso exactamente.
La libertad de expresión no es un lujo ni una
concesión del poder. Preservar el derecho a disentir, a expresar nuestros
puntos vista libremente y a ejercer la crítica periodística será una lucha por
la supervivencia de la esencia de nuestra propia humanidad.
Y quienes opten por arrastrarse, que se
acostumbren a que los pisen.
Email:
aureliocontreras@gmail.com
X: @yeyocontreras
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