PRIMERO VINIERON POR LA UV
El reciente caso de la Universidad Autónoma de Campeche es una prueba, una muy cruda, de la ofensiva que sufren las universidades públicas en México para someterlas a los designios del poder político.
La persecución contra el rector, José Alberto
Abud, quien se atrevió a negarse a poner a la institución a las órdenes del
régimen de la cuasidictadora campechana Layda Sansores –por mucho, de lo peor
que hay en Morena, donde esa competencia es realmente fuerte-, es una muestra
de hasta dónde están dispuestos a llegar en su desaforada carrera hacia la
autocratización.
Como rechazó autorizar que la universidad
fuera escenario de actos con tufo partidista –que Morena pretendía aprovechar-,
y en la víspera de su reelección al frente de la casa de estudios, el académico
fue detenido el pasado lunes 12 de enero mediante una maniobra por demás
silvestre: fue imputado por una supuesta posesión de drogas, burdamente “sembradas”
por policías estatales para incriminarlo.
Desde 2024, Abud había sido objeto de ataques
públicos en el programa “Martes del Jaguar” de la gobernadora Layda Sansores,
quien lo acusó de ser “aviador” y de supuestas irregularidades administrativas,
en un acto más de descarnado y vomitivo abuso de poder de los que son muy
usuales en Campeche, que por mérito propio ya es motejado como un estado
“bananero”, gobernado por una déspota que también persigue periodistas y los
obliga no solo a no criticarla, sino hasta a dejar de ejercer su profesión por
atreverse a hacerlo, so pena de ir a la cárcel.
Menos de 24 horas después de la detención, Abud
fue destituido como
rector en una sesión exprés del Consejo Universitario y, en su
lugar, fue colocada “fast track” una alfil de Layda Sansores. Abud fue liberado
a los dos días, pero ya no es el rector. La Universidad ha sido tomada como
botín.
Fue tan vulgar y evidente el ardid, que hasta
la presidenta Claudia Sheinbaum marcó su distancia al declarar que “no se puede
usar la justicia como una vendetta política”. Aunque no habló de reparar el
daño causado por su “amiga” –como ella la llama-, la gobernadora represora de
Campeche.
Lejos de ser un hecho aislado, esta situación
forma parte de un plan mayor de captura de las universidades públicas del país.
En Veracruz acabamos de vivirlo de una manera igual de grotesca, con el secuestro
de la Universidad Veracruzana a manos de una camarilla pandilleril, que también
torció la ley con el aval de un Poder Judicial timorato y cómplice, cuyos
jueces ni siquiera se atrevieron a estudiar de fondo las quejas y prefirieron
desechar sin discusión los amparos que se solicitaron, porque sabían
perfectamente que la “prórroga” que se autoconcedió Martín Aguilar Sánchez vía
sus títeres en la Junta de Gobierno, es ilegal, y su extensión de rectorado,
espuria.
En Veracruz como en Campeche, la autonomía de
sus universidades quedó reducida a una simulación y pasaron a estar
subordinadas a intereses políticos ligados directamente al régimen.
Y ahora tienen la mira puesta en la UNAM, en
donde el morenato no oculta su ambición de extender esta andanada, como quedó
expuesto con la intentona de prohibir publicaciones críticas de la “4t”, como
un libro recientemente editado por el Instituto de Investigaciones Jurídicas,
“La inconstitucionalidad de la sobrerrepresentación excesiva en el Congreso de
la Unión”, que provocó la furia de los morenistas pues analiza, a través de
reconocidos juristas, la ilegalidad en la forma en la que el partido oficial se
apoderó de las cámaras sin haber obtenido la votación suficiente para ello.
Uno de los que vocifera es el impresentable
diputado “dato protegido” o “Gutierritos”, Sergio Gutiérrez Luna, quien salió a
quejarse de que en el referido Instituto hay “personajes incrustados” que “solo
investigan cosas contra Morena”, en una amenaza directa contra la libertad
académica, de investigación y de expresión.
El objetivo final no es difícil de prever:
neutralizar la capacidad crítica de las universidades y convertirlas en
aparatos de legitimación del discurso oficial, sin posibilidad de disenso ni
universalidad y menos pluralidad, lo que es contranatura de la existencia misma
de las instituciones de educación superior.
Lo ocurrido en Campeche y Veracruz es el
arranque del asalto a las universidades públicas para despojarlas de su papel
como contrapeso democrático y degradarlas a espacios de adoctrinamiento. Y
están dispuestos a hacerlo por la buena o por la mala.
Pero no hay que olvidar que primero vinieron
por la UV. Y muchos no dijeron nada. Ahora van por todas.
Email: aureliocontreras@gmail.com
X: @yeyocontreras

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