POR ESO EL MIEDO A LA REVOCACIÓN DE MANDATO
El pasado fin de semana, Oaxaca vivió un ejercicio de revocación de mandato que, en los hechos, buscaba ser una ratificación del gobernador en turno, Salomón Jara. Los resultados oficiales confirmaron la permanencia del mandatario, pero lo hicieron bajo un tufo de sospechas de fraude y la certeza de la ilegitimidad.
Aunque el gobierno de Jara intentó presentar
la jornada como un triunfo de la democracia participativa, las cifras oficiales
revelaron un dato imposible de ocultar: el rechazo ciudadano fue estruendoso.
La participación estuvo por debajo de lo esperado y, aun entre quienes
acudieron a las urnas, se registró un porcentaje significativo de votos en
favor de la revocación del gobernador morenista. De hecho, en la capital
oaxaqueña, perdió estrepitosamente.
La figura de la revocación de mandato,
incorporada en la Constitución mexicana como un mecanismo de democracia
directa, nació con la promesa de “empoderar”, aparentemente, a la ciudadanía
frente a gobernantes que incumplen sus compromisos o ejercen el poder de manera
autoritaria. Sin embargo, en la práctica, este instrumento fue utilizado más bien
como un recurso de legitimación política y no como un verdadero mecanismo de
rendición de cuentas.
Incluso, la verdadera intención del entonces
presidente Andrés Manuel López Obrador en aquella consulta de revocación de su
mandato que nadie pedía –ni la oposición- era en realidad justificar una
extensión de su gobierno, lo que muy probablemente hubiese sido el siguiente
paso de haber logrado que la consulta fuese vinculante, lo que al igual que
Jara, tampoco consiguió debido a la baja participación ciudadana.
López Obrador promovió la consulta porque tenía
la certeza de que los aparatos de movilización y el clientelismo ramplón de su
sexenio garantizarían un resultado favorable, además de la aceptación real de
su figura por una amplia franja de la población de este país. Era una apuesta
segura. Pero con otros políticos es distinto.
Aun con todo el aparato gubernamental
desplegado en Oaxaca, las cifras oficiales mostraron un rechazo significativo. Y
las no oficiales, las que se daban a conocer mientras se terminaba la jornada,
eran de escándalo. Así, aunque Jara fue “ratificado”, lo fue con un respaldo
raquítico –si damos por buenos sus números-, insuficiente para hablar de
legitimidad real.
Si trasladamos este escenario a Veracruz, el
panorama se vuelve aún más complejo. Imaginemos una consulta de revocación del
mandato de la gobernadora Rocío Nahle en medio de las condiciones actuales: incrementos
unilaterales y no consultados al “pueblo” –ése que dicen que no traicionan- al
transporte público, que han golpeado directamente la economía de las familias;
retrasos y “jineteo” en el pago de nómina a trabajadores del sector público,
generando incertidumbre y malestar social; actuación negligente en emergencias,
como las inundaciones de octubre pasado, donde la respuesta gubernamental fue tardía
y timorata. Y así le podríamos seguir.
En este contexto, una consulta de revocación
no sería necesariamente un trámite de legitimación, sino un plebiscito sobre la
gestión gubernamental. Y el malestar ciudadano en Veracruz es palpable. Por
ello, la consulta podría convertirse en un “boomerang” político.
Nahle y sus operadores lo saben. Por eso
desde finales del año pasado se mandaron hacer “trajes a la medida” en forma de
“encuestas” en las que, de la noche a la mañana, la gobernadora salía del fondo
de las listas de aprobación para encaramarse a media tabla, sin nada que
pudiese explicar un salto así, más que lo que resulta evidente: que esos
números son inventos.
Por eso es que la gobernadora se niega a
impulsar la legislación que reglamente la revocación de mandato, incluso aun
cuando ya fue ordenado por la Sala Superior del Tribunal Electoral del Poder
Judicial de la Federación, que a principios de diciembre determinó que el
Congreso local debe emitir la ley reglamentaria “dentro de un plazo razonable”.
Una consulta de revocación de mandato en
Veracruz podría convertirse en un parteaguas por el malestar acumulado que, de traducirse
en un rechazo contundente, sería capaz de poner en entredicho la continuidad misma
del actual gobierno.
Por eso el miedo que le tienen.
Email: aureliocontreras@gmail.com
X: @yeyocontreras

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