EL PRECIO DE LA NEGLIGENCIA
Desde finales del año pasado, México enfrenta un brote de sarampión que acumula ya más de siete mil 400 casos confirmados y contabiliza al menos 24 muertes. Hablamos de una enfermedad que había sido declarada eliminada en el continente americano desde 2016 y que diez años después, siete con la “4t” gobernando el país, ha resurgido.
El brote de sarampión en México es un síntoma
de una crisis que sí podía saberse: la erosión de la política pública de
vacunación y la negligencia gubernamental en garantizar el acceso universal a
la salud. En Veracruz, con dos casos confirmados oficialmente en Xalapa, también
se abrió la puerta al regreso de una enfermedad que estaba erradicada.
El discurso oficial sostiene que México
cuenta con más de 23 millones de dosis disponibles de la vacuna triple viral.
Sin embargo, la realidad en los centros de salud contradice, como suele, los
“otros datos”: padres de familia reportan desabasto, largas filas y brigadas
improvisadas que no alcanzan a cubrir a toda la población.
La crisis no se explica únicamente por la
falta de vacunas, sino por la desarticulación de la política de salud. Desde
2019, el gobierno de Andrés Manuel López Obrador redujo la inversión en
campañas de vacunación masiva, apostando por una estrategia que fracasó y que la
pandemia del covid-19 agravó, pues miles de niños quedaron sin recibir sus
dosis de refuerzo, rompiendo con décadas de un manejo eficiente y reconocido de
sus campañas de vacunación.
La negligencia se refleja también en una
planeación deficiente, pues la compra de vacunas se ha realizado de manera
tardía y sin garantizar distribución equitativa; en el desmantelamiento
institucional, con la desaparición del Seguro Popular y la transición fallida
al Insabi, que fue devastadora para la cobertura de salud preventiva; y la narrativa
del “no pasa nada”, mientras las cifras de contagios aumentan y las autoridades
insisten en que “hay vacunas suficientes”, minimizando el riesgo real.
En el estado de Veracruz, donde de por sí los
servicios de salud están para llorar por el descomunal saqueo que han sufrido
desde hace varios sexenios, el brote se materializó con dos casos confirmados
en Xalapa, uno de los cuales, un menor de edad, expone la vulnerabilidad de los
niños sin esquema completo de vacunación, uno de los peores “legados” de López
Obrador.
La entidad ahora enfrenta el desafío de
contener la propagación en un contexto de infraestructura limitada y alta
densidad poblacional. Y aunque la gobernadora Rocío Nahle se ufana de que “no
vamos a reaccionar tarde, vamos a prevenir”, la realidad es que ya reaccionó
tarde: lanzó una campaña de vacunación apenas este fin de semana, todavía con
un caso reconocido oficialmente y 21 catalogados como “posibles”. Y no hay
certeza de que tengan suficientes vacunas.
México fue pionero en campañas de vacunación
masiva en los años 90 y 2000. La Semana Nacional de Salud garantizaba que
millones de niños recibieran sus dosis en escuelas y centros comunitarios. Hoy,
esas campañas han sido sustituidas por operativos improvisados, sin continuidad
ni cobertura universal, o con “camionetitas”.
La negligencia tiene consecuencias: hasta
ahora se registran 24 defunciones por este brote de sarampión en el país desde
finales de 2025, lo que marca un retroceso histórico y criminal. El gobierno
federal ha intentado justificar el brote como parte de un fenómeno
internacional. Y hasta le echa la culpa a los “antivacunas”, que si bien tienen
una responsabilidad ante sus comunidades, no exime la de las autoridades.
Este brote de sarampión es además la antesala
de un escenario en el que otras enfermedades que se consideraban controladas
pueden regresar, como poliomielitis, rubéola y tos ferina. De la última ya se
han registrado casos recientemente.
La negligencia suele cobrar un precio muy
alto. Y cuando se incurre en ésta en el sector de la salud, se contabiliza con
vidas. La pandemia debería habérnoslo enseñado.
Email: aureliocontreras@gmail.com
X: @yeyocontreras

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