UV, EN EL LÍMITE ENTRE LA LEGALIDAD Y LA ARBITRARIEDAD
La Universidad Veracruzana (UV) atraviesa una
de las crisis institucionales más graves de su historia. La ambición desmedida
del grupo que intenta sostener ilegalmente a Martín Aguilar Sánchez en la
rectoría sin cumplir con los requisitos de ley para iniciar un nuevo periodo y,
por ese motivo, buscando una burda imposición pseudolegal, amenaza con hundir
para siempre la credibilidad y el prestigio de la llamada “máxima casa de
estudios” del estado.
Las vacaciones de verano transcurrieron entre
las solicitudes de amparo –cinco por lo menos- que varios académicos e
investigadores de la Universidad presentaron y que la rectoría, de manera
inverosímil, ha intentado desvirtuar utilizando la desinformación, circulando
interpretaciones malintencionadas y abiertamente falsas de la respuesta de los
jueces y jugando a que no pasa nada, a que el tema de la prórroga de Martín
Aguilar está concluido y apostando a ganar tiempo y que llegue la “fecha
límite” del 1 de septiembre, cuando inicia el nuevo periodo rectoral, para
decir “consummatum est”.
Sin embargo, todos los amparos contra la
prórroga están en curso, ninguno ha sido resuelto en definitiva. El fondo de
los mismos sería abordado incluso después de ese “deadline” del 1 de septiembre,
lo que metería en un brete a la Universidad Veracruzana, ya que a partir de ese
momento, jurídicamente Martín Aguilar estaría usurpando la rectoría.
La muy corrupta y “parchada” Junta de
Gobierno tiene una total y absoluta responsabilidad en todo este entuerto y por
la cual, en algún momento deberá rendir cuentas: los alfiles de Martín Aguilar
–a cambio de prebendas, privilegios y, por supuesto, plazas- han avalado la
farsa ilegal de la “prórroga” directa, figura que no existe en la legislación
universitaria, ya que si bien se contempla como un derecho que el rector en
funciones busque ampliar por un periodo su gestión, establece que esto se
someta al escrutinio de la comunidad universitaria y que otros interesados
presenten propuestas alternativas y hasta antagónicas.
La Junta de Gobierno, al imponer una prórroga
sin convocatoria, sin auscultación y sin competencia, ha cerrado el acceso a la
participación universitaria. Ha convertido un proceso plural en una decisión
unilateral. Ha sustituido el debate por la imposición. Y eso, en una
universidad pública, es inaceptable. Al grado que tendría que llegar a
fincárseles consecuencias penales a sus integrantes, que ya perdieron cualquier
legitimidad para ejercer esa función.
La comunidad universitaria tiene derecho a
participar en la elección de sus autoridades. Tiene derecho a exigir
transparencia, legalidad y respeto. Y tiene el deber de defender la autonomía
frente a cualquier intento de simulación o manipulación. En cambio, la
“pandilla de Martín” ha hecho todo lo contrario, instrumentando una pantomima para
apoderarse de la UV.
Hay una salida para este embrollo. La Junta
puede nombrar a un rector interino a partir del 1 de septiembre, mientras se
resuelve el fondo de los amparos. Puede emitir una convocatoria tardía. Puede,
incluso, rectificar su decisión y abrir el proceso. Lo que no puede -sin
incurrir en una violación flagrante a la legalidad- es ignorar el conflicto y
seguir adelante como si nada ocurriera.
La Universidad Veracruzana no es solo una
institución educativa. Es un espacio de pensamiento crítico, de formación
ciudadana, de producción científica y de construcción democrática. Su autonomía
no es un privilegio, sino una responsabilidad. Y esa responsabilidad implica
respetar sus normas, sus procesos y su comunidad. La prórroga de Martín
Aguilar, tal como fue aprobada, representa una ruptura con ese espíritu. No se
trata de continuidad, sino de legalidad y legitimidad.
El 1 de septiembre representa el límite entre
la legalidad y la arbitrariedad. La UV debe decidir si sigue siendo una
institución abierta, crítica y plural, o si se convierte en una caricatura de
sí misma.
Y
encima, plagiadores
Por si algo faltase, este jueves se dio a
conocer un plagio cometido en la edición 2013 de la obra del escritor ruso
Fiodor Dostoyevski “Memorias del subsuelo”, publicada por
la Editorial de la UV. El prólogo, firmado por Omar Valdés Benítez,
reproduce casi íntegramente un ensayo del escritor estadounidense David Foster
Wallace.
Y resulta que Omar Valdés Benítez ha sido el
“autor” de los textos de los discursos públicos de Martín Aguilar Sánchez
durante los últimos cuatro años. Además de que, dicen los que saben, a pesar de
que cobra en rectoría, nunca va.
Habría que preguntarse, dado que durante toda
la gestión de Martín Aguilar ha sido su amanuense, ¿los discursos son
originales o también se los pirateó?
Es pregunta.
Email: aureliocontreras@gmail.com
X: @yeyocontreras
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