UN CIRCO DE IMPOSTURA E ILEGALIDADES
En vísperas del arranque formal del proceso electoral de 2027 en Veracruz, el escenario político se contamina con las mismas viejas prácticas tramposas, arteras y antidemocráticas de siempre. Las que institucionalizó el PRI, adoptó el PAN y Morena las convirtió en canon.
El (mal) uso partidista de los programas
sociales gubernamentales parece haberse convertido en la estrategia central del
régimen morenista, que no solo instrumentaliza la necesidad de la población,
sino que además normaliza la violación de la ley como si se tratara de un
recurso legítimo para hacer política en el estado.
La gobernadora Rocío Nahle García ha
intentado en algunas declaraciones públicas deslindarse o al menos marcar
distancia con la partidización de los apoyos oficiales. Sin embargo, la
realidad contradice de inmediato sus palabras. Para muestra, su “favorito”, el
alcalde de Coatzacoalcos Pedro Miguel Rosaldo, fue captado como si nada entregando
enseres y bienes adquiridos con recursos públicos mientras ostentaba una gorra
con el logo de Morena; o de plano, sin pudor y con la confianza de quien se
sabe impune, señalando abiertamente que dichos apoyos son gracias a su partido,
lo que constituye un delito electoral flagrante, pues de esto hay evidencia
gráfica y en video. Aunque en los hechos eso no sirva de nada, pues los órganos
electorales se encuentran capturados por el mismo régimen, que se encargó de
desaparecer cualquier vestigio de su autonomía.
Pero Rosaldo no es, ni de lejos, el único.
Quizás el caso más descarado sea el de un funcionario de medio pelo de la administración
estatal, el subsecretario de Desarrollo Económico, exyunista y exduartista Eduardo
Vega Yunes, quien en las últimas semanas se ha dedicado a realizar actos de campaña
anticipada en colonias marginadas, en horarios laborales, utilizando recursos
públicos para promover su imagen, pues busca desesperadamente ser candidato de
Morena a diputado por Xalapa. Actos que, también, configuran desvío de recursos
y violaciones flagrantes a la normatividad electoral, tolerados con una más que
evidente complacencia desde la cúspide del poder estatal.
Así, el discurso de la gobernadora se
estrella invariablemente contra la práctica cotidiana de sus operadores
políticos, de alcaldes pertenecientes a su círculo cercano y hasta de sus
propios subordinados, que difícilmente se podrían ir por la libre o sin el
beneplácito necesario para embarcarse en aventuras electorales con cargo al
erario, desplegando estructuras paralelas de promoción personal. Se condena entonces
la forma en el discurso, pero en los hechos se avala el fondo.
El “Tato” Vega Yunes –quien no niega la cruz
de su parroquia ni puede ocultar de quiénes es pariente- es solo un ejemplo de
cómo se simula un falso interés en los problemas cotidianos de la ciudadanía para
promover una imagen, mientras se viola la ley haciendo campaña anticipada, en
un circo de impostura e ilegalidades que no solo no se combaten, sino que se alientan
desde las más altas esferas de poder.
Lo que hoy se observa es apenas el preludio
de lo que se avecina. El proceso electoral de 2027 en Veracruz será escenario
de una disputa marcada por la ilegalidad y la simulación, aderezados con el imprescindible
clientelismo que tan buenos réditos les ha dado a los que aún se atreven a
decirse “diferentes” y la manipulación de la necesidad social vía programas
gubernamentales, “tetratransformados” en armas de control político.
Los “mapaches” ya andan sueltos. Y somos los
ciudadanos los que llevamos las de perder.
Email: aureliocontreras@gmail.com
X: @yeyocontreras

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