UN BOTÓN DE PÁNICO
Claramente, la reforma constitucional que incluyó la “injerencia extranjera” como causal de nulidad de elecciones en México no es más que un blindaje político para que el régimen morenista pueda anular cualquier proceso electoral que no le favorezca.
El pretexto es tan amplio y ambiguo que abre
la puerta a que cualquier crítica internacional, cualquier observación de
organismos multilaterales, cualquier señalamiento de la prensa extranjera,
incluso cualquier comentario político desde el exterior pueda ser interpretado
como “intervención” y, por tanto, usado para invalidar la voluntad popular si
ésta ya no favoreciese al régimen.
Este domingo en el Monumento a la Revolución,
la presidenta Claudia Sheinbaum lo dejó claro en su discurso: “hay que tenerlo
claro, vienen por unos, luego por otros, hasta que las oficinas del
Departamento de Justicia se vuelven el principal elector de México. Eso no lo
podemos permitir. Ese camino de las intervenciones nunca ha dejado justicia y
bienestar para los pueblos”, arremetió, en referencia a los procesos encauzados
desde Estados Unidos contra diez políticos morenistas por nexos con el
narcotráfico.
La arenga, revestida de un nacionalismo
ramplón, es en realidad un aviso de que si Morena pierde elecciones, apelarán a
la causal constitucional del “injerencismo” para desconocer el resultado. Una
especie de botón de pánico para accionar cuando las cosas salgan mal.
El régimen morenista enfrenta un desgaste inocultable:
su poder de convocatoria se ha reducido evidente y presupuestalmente, cada vez
hay más críticas ciudadanas por la errática conducción del país, impulsadas por
la violencia que asuela regiones enteras y una economía estancada y en el filo
de una recesión, junto con una creciente presión por los vínculos de sus
cuadros políticos con el crimen organizado. En ese escenario, la “injerencia
extranjera” funciona como coartada perfecta. Si la oposición logra victorias en
municipios o estados clave, si les llegara a arrebatar la mayoría calificada en
la Cámara de Diputados en 2027 o ya no digamos la Presidencia de la República
en 2030, bastará con alegar que hubo “injerencia externa” para anularlas. Al
cabo el morenato ya controla por completo el INE y el Tribunal Electoral del
Poder Judicial de la Federación, que van a bailar al son que les toquen desde
Palacio Nacional, como ya sucede.
Pero están jugando con fuego. En su mitin del
domingo, Sheinbaum cruzó una línea peligrosa al exclamar que “cuando desde
el exterior se dicta quién es culpable y quién no; cuando se normaliza la
idea de que otro país puede intervenir en asuntos que solo les
corresponden a los mexicanos, ya no estamos hablando de cooperación, estamos
hablando de injerencia”, con dedicatoria directa a la Casa Blanca,
aunque con la idea de que fuese para consumo interno de sus seguidores.
La respuesta no se hizo esperar. Este lunes, Trump
volvió a arremeter contra México –porque al igual que Sheinbaum con él, no la
señala directamente- al acusar que “protegen a los criminales. ¿Por qué los
protegen con tanto ahínco? Luchan por ellos como si fueran asesinos. Luchan por
estos asesinos. Algo anda mal con ellos”.
Más diplomático pero igual de directo, el
embajador de Estados Unidos en México, Ronald
Johnson, publicó en X que “cada momento que dedicamos a
convertir este desafío compartido de seguridad en una discusión política, es
una oportunidad perdida para fortalecer nuestra cooperación y proteger a las
personas a las que servimos”.
Sheinbaum intentó suavizar su postura este
lunes, pero con una salida francamente ridícula. “Les confieso que yo no creo
que sea el presidente Trump quien ha encabezado esta ofensiva en distintos
temas. Son sectores de la ultraderecha de Estados Unidos que quieren que no
haya buena relación con México”. Como si Trump no fuese no solo la cabeza del gobierno
estadounidense al que acusa de injerencismo, sino líder y activista de esa
misma ultraderecha a la que denuncia.
El problema de fondo sigue siendo la
descarada protección del régimen a narcopolíticos, que ha puesto contra la
pared no solo al gobierno, sino al país entero, rehén de sus corruptelas, de su
desmedida ambición de poder y de su irresponsabilidad.
Aunque es un hecho que, por primera vez en
ocho años, el obradorato verdaderamente teme perder. Por eso están dispuestos a
hacer lo que sea. Incluyendo arrastrar a México al vacío.
Email: aureliocontreras@gmail.com
X: @yeyocontreras

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