FISCALIZACIÓN DE MENTIRITAS
En general, desde que se institucionalizó hace poco más de dos décadas la fiscalización de los recursos públicos a través de organismos oficiales especializados y formalmente “autónomos”, nunca ha funcionado para castigar los excesos y corruptelas de autoridades y servidores públicos. Si acaso, ha sido un instrumento de coerción, principalmente contra alcaldes.
Cada
año se anuncia cuánto dinero del dispuesto por los diferentes organismos y
dependencias de los tres niveles de gobierno presenta irregularidades, se
distribuyen responsabilidades preliminares y después comienza un largo
recorrido administrativo en el que buena parte de los casos termina
diluyéndose.
Las
propias cifras oficiales ayudan a dimensionar el problema. El Órgano de
Fiscalización Superior de Veracruz (Orfis) acumulaba este año 361 denuncias por
presuntas irregularidades en el manejo de recursos públicos. De estas, apenas
diez habían llegado ante un juez. Otras 72 habían terminado con determinaciones
de no ejercicio de la acción penal. El puro petate del muerto, pues.
Sin
embargo, este 2026, en su despedida del cargo tras siete largos e improductivos
años al frente del Orfis, la ahora exauditora Delia González se voló la barda.
En
el informe de la Cuenta Pública 2025, correspondiente al primer año completo
del gobierno de Rocío Nahle García, el Orfis determinó un probable daño
patrimonial global por dos mil 756 millones 231 mil 698 pesos, cifra que parece
enorme… hasta que se revisa en dónde están concentradas las observaciones.
Mientras
más de dos mil 700 millones fueron fincados como probable daño patrimonial a
los ayuntamientos veracruzanos, al gobierno estatal solamente se le determinaron
irregularidades por la ridícula suma de ¡cuatro millones 200 mil 401 pesos!, distribuidos
en 17 entes de la administración de Rocío Nahle, además de inconsistencias
administrativas en otros 63.
Ninguna
secretaría de despacho del Poder Ejecutivo de Veracruz apareció con presunto
daño patrimonial. O lo que es lo mismo, mientras los ayuntamientos quedaron
bajo una montaña de observaciones, el aparato central del gobierno de Veracruz
prácticamente salió “impoluto”, sin que se le tocase ni con el pétalo de un coscorrón
administrativo por el mal manejo del dinero. Inverosímil, absurdo y pestilente
a corrupción.
Delia
González Cobos incluso “explicó” el resultado como “evidencia” de que existía
“un buen manejo de las finanzas”. Pero en dependencias como la Secretaría de
Infraestructura y Obras Públicas, por ejemplo, se detectaron subejercicios,
deficiencias físicas, plazos vencidos y problemas en proyectos. Pero ninguna de
las irregularidades reportadas fue determinada como daño patrimonial.
Estos
resultados parecen más bien la última carta que jugó González Cobos, luego de
meses haciendo campaña con recursos públicos, para ganar el favor de Rocío
Nahle y que la haga candidata de Morena a una diputación. Sin escrúpulos ni
vergüenza.
Y
si alguien esperaba que el relevo en el Orfis sirviera para recuperar
credibilidad, los acontecimientos apuntan en sentido contrario.
El
Congreso de Veracruz eligió el viernes pasado a Eric Domínguez Vázquez como
auditor general del Orfis para los próximos siete años. Empero, el nuevo
fiscalizador no llegó desde una institución académica, desde un despacho
independiente de auditoría ni desde fuera de la estructura gubernamental. Hasta
prácticamente el momento mismo de su designación, cobraba como subsecretario de
Administración y Finanzas de la Secretaría de Finanzas y Planeación del mismísimo
gobierno de Rocío Nahle.
Así
que de administrar el dinero público dentro del gobierno estatal, pasó
directamente, sin escalas, a encabezar el organismo encargado de fiscalizarlo. No
hace falta demasiada imaginación ni perspicacia para advertir el problema
institucional y, sobre todo, el conflicto de interés que eso representa.
Pero
por si no bastase, antes de llegar a Sefiplan, Eric Domínguez fue presidente
municipal de Papantla. Y su administración estuvo sujeta a varias observaciones.
Incluso se documentaron señalamientos de la Auditoría Superior de la Federación
(ASF) respecto del ejercicio 2024 por alrededor de 56.9 millones de pesos.
Ése
es el perfil del nuevo responsable de pedirle cuentas al gobierno estatal, a
los otros dos poderes del estado y a los 212 ayuntamientos.
En
paralelo, hay un contraste que puede resultar más incómodo para el gobierno de
Rocío Nahle, ya que desde la Federación comenzaron a llegar señales diferentes.
Este
lunes 28, la gobernadora reveló que la ASF solicitó al Gobierno de Veracruz las
listas de asistencia de todos los maestros de la entidad para revisar posibles
irregularidades en la nómina educativa, entre ellas casos de docentes con doble
plaza y, según relató la propia mandataria, registros de personas fallecidas
que continuarían apareciendo en nómina. En realidad, nada fuera de lo común.
Incluso, algo muy atendible.
Lo
insólito es que Nahle reaccionó calificando el requerimiento de “absurdo” y
“una locura”. Incluso afirmó que el auditor superior, Aureliano Hernández
Palacios, pese a ser originario de Xalapa, “no conoce Veracruz”. Cosa que suena
a una macabra ironía.
Lo
que es un hecho es que lo que les gusta, lo suyo, es la fiscalización de
mentiritas. Porque de rendir cuentas, ni hablar.
Email:
aureliocontreras@gmail.com
X:
@yeyocontreras

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