LA CASTA DIVINA
Durante los últimos años, el discurso de la mal llamada “cuarta transformación” construyó buena parte de su legitimidad sobre una premisa tan sencilla como poderosa: los privilegios de la clase política habían terminado. Se acababan los gobiernos de ricos, los funcionarios con salarios ofensivos, los familiares incrustados en las nóminas públicas, el influyentismo, los guardaespaldas, el dispendio y aquella vieja concepción patrimonialista según la cual llegar al poder equivalía a apropiarse del presupuesto. O por lo menos, eso decían. Lo que ha terminado por consolidarse, sin embargo, es una nueva élite burocrática que reproduce muchos de los vicios que prometió desterrar, pero con una diferencia fundamental: ahora pretende que sus privilegios están “moralmente” justificados porque quienes los disfrutan pertenecen al movimiento que se proclamó representante del “pueblo”. Y que se autopercibe como una nueva “casta divina”. No hace falta siquiera recurrir a filtraciones, expedientes sec...