LA FRAGILIDAD DE SHEINBAUM
Lo que se sabe hasta ahora de la iniciativa
de reforma electoral que la presidenta Claudia Sheinbaum anunció que enviará al
Congreso de la Unión solo confirma lo que ya se esperaba: es un bodrio que
significaría un retroceso histórico para el país, bajo la careta de la
austeridad, que más bien sería un austericidio.
Según la presidenta, además de reducir
costos, se plantea “modernizar el sistema” y “dar más poder a los ciudadanos”. Pero
la realidad es que detrás de esta retórica son visibles riesgos profundos para
la pluralidad política, la transparencia electoral y la democracia misma en México.
Aunque lo niega, es la reentronización del partido hegemónico de Estado, al
estilo del PRI de los años 40 del siglo pasado, “tetratransformado” en Morena.
Por ejemplo, la iniciativa contempla la eliminación
de senadores plurinominales y una asignación de diputados que favorece a los
partidos más grandes. Esto significa acabar con la representación proporcional,
un mecanismo diseñado para que las minorías políticas tuviesen voz en el
Congreso, y que, de aprobarse la propuesta, reduciría —si no es que
desapareciera— la diversidad política.
Se habla también de reducir en un 25 por
ciento el costo del sistema electoral, vía el financiamiento de los partidos y
la operación del Instituto Nacional Electoral (INE). En el primer caso, aunque
la austeridad suena atractiva en el caso de los partidos, muchos de ellos
convertidos en franquicias familiares o caciquiles, la realidad es que se busca
eliminar cualquier posibilidad de competencia contra Morena, el nuevo partido
oficial, que al igual que al PRI en su momento, no le faltarán recursos
provenientes del erario para hacer funcionar su maquinaria electoral, mientras
que el resto quedaría reducido a su mínima expresión, una cuasi testimonial.
La reducción de la estructura del INE es algo
todavía peor. La propuesta incluye la desaparición de las juntas distritales
como organismos permanentes, para solo activarlas en época electoral, cortando
de tajo y enterrando el servicio civil de carrera que ha permitido que el
órgano electoral funcione con alta precisión desde su creación, y facilitando
su colonización con operadores electorales (mapaches, pues) afines al régimen.
Y en un afán hasta suicida, se plantea
también la eliminación del Programa de Resultados Electorales Preliminares
(PREP), que ha sido el instrumento clave para dar certeza a los resultados de las
elecciones durante las últimas tres décadas. Su desaparición generaría caos en
cada jornada electoral, donde los resultados serían cuestionados y carentes de
legitimidad tiro por viaje. Un verdadero despropósito.
Aunque se presenta como un avance en cuanto a
ética política, la prohibición del nepotismo y la “herencia” directa de cargos
de autoridad a familiares ya ha generado descontento incluso en las filas de
Morena y sus aliados, que frenaron su aplicación legal en los últimos comicios y,
en el caso de las restricciones en el partido guinda, se las saltaron
postulándose por otros institutos políticos, en abierto desafío a los deseos de
la “jefa” de la “4t”.
Precisamente por esto es que la iniciativa
está en riesgo de ir a la “congeladora” o, incluso, de presentarse y ser
rechazada. Los “aliados” de la autoproclamada “cuarta transformación”, los
partidos del Trabajo y Verde Ecologista, han identificado plenamente que se
trata de una trampa en la que su propia supervivencia estaría en un riesgo
real. A pesar de que se han aprovechado y beneficiado de ella, la lógica de
concentración de poder esta vez significaría un camino inevitable a su extinción.
Con era previsible, el morenato está
presionando fuertemente a PT y Verde para que apoyen la reforma –sin sus votos,
el oficialismo no alcanza la mayoría calificada necesaria para aprobar la
enmienda constitucional-, ya sea con promesas de prebendas y negocios, o bien
con amenazas de abrir cloacas que pudiesen terminar en una persecución
judicial, al estilo de lo que ya hicieron con los infames Yunes para que
votaran en favor de la reforma judicial. Pero hasta ahora, no los han movido de
sus posiciones en contra. Tanto así, que la iniciativa no fue enviada al
Congreso este lunes como se había anunciado, creando incertidumbre sobre lo que
pueda pasar finalmente.
Más allá de si logran “convencer” a los
“aliados” de sumarse a la iniciativa y hasta de hacerle modificaciones que los
dejen tranquilos, ha quedado en evidencia la fragilidad política de Claudia
Sheinbaum, que se encuentra atrapada en un laberinto que, a ciencia cierta,
quién sabe si realmente sea una idea propia. Pero que ya ha provocado lo que
nunca antes: una negativa y un rechazo no de la oposición, sino de tus propios “socios”
en las cámaras, que se rebelaron hasta el punto de la ruptura.
Impensable, hace apenas un sexenio. Muy mala
señal para ser apenas el segundo año.
Email: aureliocontreras@gmail.com
X: @yeyocontreras

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