CRISIS MORAL, INSTITUCIONAL Y DE LEGALIDAD
La Universidad Veracruzana cumple 81 años
este jueves 11 de septiembre. Y lo hace en medio de una de las crisis más
profundas de su historia: una crisis moral, institucional y de legalidad que amenaza
su viabilidad como institución pública de educación superior al quedar en
entredicho los principios de autonomía, pensamiento crítico y dignidad
académica que, se supone, la distinguen.
Hoy, la comunidad UV no celebra: se defiende.
Y lo hace en sus regiones, en sus facultades, en las aulas y las calles por
estudiantes, investigadores y exautoridades universitarias que denuncian la
usurpación de la rectoría por parte de Martín Aguilar Sánchez.
Porque no hay otra forma de llamarlo:
usurpador. El rector que concluyó su periodo el 31 de agosto permanece en
funciones sin haber sido legalmente designado, sin haber rendido protesta ante
el Consejo Universitario General y sin que exista una convocatoria pública para
esa sucesión. Lo que hay es un documento “patito” entregado por algunos
miembros de la Junta de Gobierno –los más descarados y corruptos de su
historia- sin quórum, sin estar en el orden del día y que pretende extenderle
el mandato por cuatro años más. Un acto que, según exintegrantes de esa misma
Junta, carece de toda validez jurídica y ética.
La Universidad Veracruzana está gobernada hoy
por el silencio. Un silencio que se impone desde la cúpula institucional, que
se reproduce en los pasillos administrativos y que se pretende imponer en las
aulas. Un silencio que ni siquiera les permite firmar las cartas de “adhesión”
de las diferentes facultades que, “voluntariamente” a… fuerza, han salido,
vergonzosamente, a deslindarse de las protestas en contra del usurpador.
La Junta de Gobierno, órgano responsable de
garantizar la legalidad y transparencia en la designación del rector -lo cual
es además prácticamente su única función sustantiva-, ha traicionado su
mandato. Exmiembros de ese cuerpo colegiado les recordaron este martes que al
ingresar juraron “cumplir y hacer cumplir la legalidad”, misma que fue pisoteada
por quienes debían custodiarla. Y lo han hecho en nombre de una supuesta
“estabilidad institucional” que no es más que una vulgar coartada para mantener
en el poder a un grupúsculo que ya no tiene legitimidad alguna ante la
comunidad universitaria.
Desde el 1 de septiembre, la Universidad
Veracruzana no tiene rector legal. Las firmas de Aguilar Sánchez y los actos
administrativos que emita están viciados de origen. Los estudiantes que están
por titularse lo hacen bajo una autoridad que no existe jurídicamente, mientras
la pandilla que tiene secuestrada la rectoría hace como que no pasa nada y
pretende hacer creer que no hay vuelta atrás. Como si no estuviéramos ante una
violación flagrante de las normas universitarias que, por si no bastase,
violenta también la autonomía universitaria.
¿Qué clase de rector se aferra al poder sin
legitimidad? ¿Qué clase de universidad permite que eso ocurra? Si acaso, una
que haya perdido el rumbo, colonizada por intereses políticos y redes de
complicidad. Por una burocracia que ha convertido la autonomía en un fetiche
vacío y que ahora se gobierna por la lógica del poder en tiempos de la “4t”,
del “no me vengan con que la ley es la ley”.
Este jueves 11 de septiembre, en el
aniversario 81 de la Universidad Veracruzana, la comunidad universitaria saldrá
a las calles. Estudiantes, académicos y trabajadores marcharán, unos desde la rectoría,
otros desde la misma sede de la Junta de Gobierno, hacia el centro de la
capital veracruzana para exigir respeto a la autonomía y el fin de la
usurpación.
Sin embargo, quien tiene la verdadera opción
de darle salida a esta crisis es el Consejo Universitario General, máxima
autoridad colegiada de la UV. Porque cuenta con la facultad de instruir a la
Junta de Gobierno para que reponga el proceso y hasta de destituir a sus
actuales miembros –que han deshonrado a la institución-, además de al usurpador.
De hecho, varios académicos y los propios
exintegrantes de la Junta de Gobierno pidieron al Consejo que actúe, que
destituya a Aguilar Sánchez y convoque a un nuevo proceso de designación. Hasta
ahora, la respuesta ha sido también el silencio.
Si se permite que la rectoría sea usurpada
sin consecuencias, se habrá abierto la puerta a la normalización de la
ilegalidad. Y entonces, la UV dejará de ser universidad en el sentido amplio
para convertirse en una mera oficina más del poder en turno, como era antes de
obtener su autonomía, pero esta vez al nivel de una de las “universidades del
bienestar”, con lo que eso implica. La comunidad universitaria completa tiene la
responsabilidad histórica de impedirlo, aunque muchos por conveniencia y/o
cobardía sean omisos.
Pase lo que pase, Martín Aguilar Sánchez
pasará a la historia como el rector que se aferró al poder sin legitimidad ni
dignidad, como el hombre que usurpó la rectoría y como el símbolo de una crisis
moral que amenaza con devorar a la Universidad Veracruzana.
Email: aureliocontreras@gmail.com
X: @yeyocontreras

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