EL PARTIDO O EL PAÍS
La solicitud de extradición de Estados Unidos contra el ahora gobernador con licencia de Sinaloa Rubén Rocha Moya, por presuntos vínculos con el narcotráfico, ha detonado una crisis política que ha puesto contra las cuerdas al régimen de la llamada “cuarta transformación”, pero sobre todo a la presidenta Claudia Sheinbaum.
La respuesta del gobierno del “segundo piso
de la transformación” al reclamo estadounidense, con todo y que el político
oriundo de Badiraguato fue obligado a pedir licencia a la gubernatura, ha sido
protegerlo, con todo el costo político que ello implica. La presidenta ha
insistido en que las acusaciones “carecen de pruebas” consistentes y, envolviéndose
en la bandera del patrioterismo, alega injerencias extranjeras y una supuesta
defensa de la soberanía para intentar desviar la atención del tema central: la
implicación, conocida desde hace tiempo, de políticos de la “4t” con el crimen
organizado.
Rocha Moya no es un gobernador cualquiera. Está
vinculado directamente, en lo político y en lo personal, con el expresidente
Andrés Manuel López Obrador, quien fue a levantarle la mano cuando fue
implicado por Ismael “El Mayo” Zambada en la trampa que le tendieron los
“Chapitos” para entregarlo a las autoridades de Estados Unidos. Y de paso,
también Sheinbaum, quien era presidenta electa, acabó embarrada en la defensa
del impresentable gobernador, arrastrada por su mentor quien, como quedó claro
este pasado fin de semana, es quien sigue dando las órdenes en este país.
La caída de Rocha Moya arrastraría a muchos otros
actores políticos que fueron apoyados con algo más que porras por el sinaloense.
De ahí que la protección presidencial, con escoltas de la Guardia Nacional
incluidos, sea también un intento de contener un efecto dominó que podría
alcanzar altos niveles en Morena.
No hay que perder de vista la declaración que
inmediatamente hizo Rocha Moya tras la solicitud de detención: el ataque de
Estados Unidos es contra la “cuarta transformación”, lo cual debe leerse como
una amenaza velada. Al insinuar que la embestida no es contra él sino contra el
proyecto político en su conjunto, el gobernador lanzó un mensaje no muy difícil
de descifrar: si él cae, no lo hará solo, pues los vínculos con el crimen
organizado no son exclusivos de Sinaloa.
La “coincidencia” temporal entre la solicitud
de extradición y la presentación de la estrategia antidrogas no es casual.
Washington envía un mensaje inequívoco: México debe asumir responsabilidades
concretas en la lucha contra el narcotráfico y no basta con discursos de
soberanía o acusaciones de politización. La presión apenas comienza y se
intensificará conforme avance el calendario electoral en Estados Unidos. Y lo
que está en juego es la viabilidad misma del país, vía su estabilidad
económica.
La presión estadounidense se traducirá en
exigencias de cooperación, extradiciones y acciones concretas contra los
cárteles y los narcopolíticos. Y si el gobierno mexicano se rehúsa a
entregarlos, es muy probable que el Tratado de Comercio con la Unión Americana
se venga abajo y, por si no bastase, que sea sustituido por aranceles estratosféricos
que revienten la economía nacional y, por ende, al país.
La presidenta de México, en lugar de
aprovechar la oportunidad para marcar distancia, romper las amarras que no la
dejan gobernar y demostrar autonomía, optó por someterse, blindar a Rocha y con
ello, a su partido, hipotecando su credibilidad.
Pero el verdadero dilema de Sheinbaum es uno
solo: el partido o el país. Más temprano que tarde va a tener que decidirse.
Email: aureliocontreras@gmail.com
X: @yeyocontreras

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