LA CAÍDA DEL INE
La sesión extraordinaria del Instituto
Nacional Electoral (INE) del pasado 22 de abril fue, en los hechos, el acto
simbólico que selló la caída de la autonomía del árbitro electoral mexicano y
la consumación de un proceso de captura institucional que se venía gestando en
los últimos años.
Con la toma de protesta de tres consejeros
del INE afines al régimen, para hacer un total de ocho pro-gobierno, se cerró
un ciclo histórico: el de la transición democrática iniciada en la década de
los 90 del siglo pasado, para dar paso a una regresión autoritaria que
recuerda, con tintes aún más burdos, al más viejo priismo.
El caso más escandaloso entre las nuevas
designaciones operadas sin el mínimo escrúpulo y con un exceso de descaro es el
de Arturo Chávez López, hasta hace unos días director de Talleres Gráficos de
México, o sea, empleado del gobierno federal. Su cercanía con la presidenta
Claudia Sheinbaum es algo que ni siquiera se molesta en intentar ocultar. Ahí
andan circulando videos e imágenes suyas haciendo campaña en 2024 por la hoy
mandataria. No hay manera de que pueda alegarse un mínimo de independencia y,
claramente, no es algo que le importe en absoluto. Incluso, en su primera
intervención como consejero electoral afirmó que el órgano debía “caminar al
lado de las transformaciones que está viviendo la sociedad”. Más directo no se
puede.
Además de que –dicho por él mismo- su experiencia
en materia electoral se limita a haber impreso boletas electorales en su
anterior chamba y ser funcionario de casilla, también está en entredicho su
probidad, luego del sospechoso resultado en el examen de conocimientos aplicado
durante el proceso de “auscultación” de los aspirantes: obtuvo 99 de 100
puntos. Ni siquiera quienes acreditaban décadas de experiencia en la materia se
acercaron a semejante calificación. Así que todo apunta a que las respuestas le
fueron entregadas de antemano, lo que convierte su designación en una burla y al
proceso en su conjunto en un fraude. Ello representa un golpe seco a la
credibilidad del INE y a la de su conducción de las futuras elecciones.
Este episodio forma parte de una estrategia
sistemática del oficialismo para colonizar, cooptar y controlar por completo
todas las instituciones del Estado y, en su lugar, degradarlas en oficinas de
operación político-electoral como parte de su proyecto de perpetuación en el
poder, a la manera del viejo sistema de PRI hegemónico, con el que comparten
más coincidencias y objetivos en común de los que están dispuestos a reconocer.
La democracia mexicana nunca fue perfecta.
Estuvo marcada por irregularidades, simulaciones y varios intentos por
controlar y manipular a los organismos electorales. Pero el INE representaba un
faro: un árbitro que desde 1997 contaba con credibilidad suficiente para
garantizar que las elecciones fueran, al menos, competidas y sus resultados,
creíbles.
Hoy, con un órgano sometido por el régimen,
esa credibilidad se desvanece. El país regresa a una lógica de autocracia
rupestre, donde el poder controla al árbitro y las elecciones se convierten en
rituales legitimadores que no pasan de ser meras pantomimas. Es un retroceso
más autoritario incluso que el del viejo priismo, porque se ejerce con menos
pudor y con mayor concentración de poder.
La transición democrática mexicana fue un
proceso complejo, lleno de contradicciones, de despropósitos y errores. Pero
representó un paso adelante respecto del autoritarismo antidemocrático del
priismo omnímodo, y cuya principal virtud fue la apertura y la consolidación de
libertades y derechos para la ciudadanía.
Ahora, el país regresa a una lógica de control
absoluto, donde las instituciones se subordinan al poder político. La autonomía
del INE, conquistada tras décadas de lucha ciudadana, se diluye en un mar de
complicidades y simulaciones. Lo que antes fue un contrapeso fundamental para
lograr elecciones libres y alternancia en el poder, hoy se convierte en un
engranaje más del aparato gubernamental.
La caída del INE representa el fin de la transición
como la conocimos, que ha quedado definitivamente clausurada. Un retroceso
histórico monumental que coloca a México en ruta, sin escalas, hacia la tiranía.
Email: aureliocontreras@gmail.com
X: @yeyocontreras

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