EL ODIO DE NAHLE A LA PRENSA Y EL MIEDO A LA VERDAD
Pero lo más grave vino después. En lugar de
condenar la agresión y garantizar respeto a la labor periodística, el aparato
estatal se activó para revictimizar a Heidi Castellanos. El director de
Radiotelevisión de Veracruz (RTV), Alejandro Esteban Sosa Benítez –de quien
además de su mediocre desempeño, solo se le conoce por ordenar a los reporteros
pedir “moches” por las notas al aire en la emisora-, difundió un video en el
que insultó a la reportera, la llamó “provocadora”, insinuó que buscaba
“chayote” y hasta auguró la desaparición de las dos televisoras privadas más
importantes del país, TV Azteca y Televisa, en un alarde de prepotencia,
fanatismo y estupidez, que claramente dejan ver su incapacidad para ocupar un
cargo público. Y menos, al frente de un medio de comunicación estatal, de lo
que es evidente no tiene peregrina idea el aspirante a bufón de la corte.
Lo ocurrido con Heidi Castellanos –a quien le
expreso mi más amplia solidaridad- se inscribe en una estrategia más amplia: deslegitimación
sistemática de periodistas críticos, acusándolos de “vendidos” o
“provocadores”; el uso de los medios públicos como RTV para difundir propaganda
oficial y ataques contra voces disidentes, en el mismo estándar de la escoria
en la que la “4t” ha convertido emisoras alguna vez prestigiadas como Canal
Once; y lo peor: la normalización de la violencia de parte del Estado, justificada
en el discurso oficial.
Esta conducta, que se ha vuelto sistemática
en la administración de Nahle –que desde el principio dio a conocer que tenía
una “lista negra” de periodistas y medios “incómodos”-, revela un odio profundo
hacia la prensa crítica. Nahle no tolera el cuestionamiento y recurre a la
fuerza del Estado para acallarlo. La agresión física y la agresión discursiva
forman parte de la misma maquinaria: primero se golpea, luego se difama. Y si
no entiendes, más tarde que temprano se persigue.
El papel de RTV en este episodio es
particularmente decadente. Han convertido a la emisora estatal ya no solo en un
instrumento de propaganda vulgar, sino ahora también en un arma de persecución
política. Ni en el sexenio más autoritario del pasado se atrevieron a hacer
algo así.
En este contexto, el silencio de las
instituciones locales que deberían garantizar la libertad de expresión y velar
por la seguridad de los periodistas solo vuelve a demostrar que son cómplices
de la violencia contra los comunicadores veracruzanos. Hasta el momento de
redactar estas líneas, la Comisión Estatal de Atención y Protección a
Periodistas (CEAPP) no ha sacado la cabeza de la tierra donde la tiene escondida,
no vaya a ser que pierdan las prebendas que reciben los peores comisionados en
la historia de ese organismo. Y vaya que es decir.
El mensaje que se envía es que agredir
periodistas no tiene consecuencias. Pero al final del día, lo que queda de
manifiesto es el miedo, disfrazado de odio, que le tienen a la verdad.
Zona
de terror
Y hablando del miedo a la verdad. El sur de
Veracruz, donde secuestran y matan empresarios, cobran derecho de piso a
escuelas primarias, hay cientos de fosas clandestinas y dejan restos humanos en
hieleras en la vía pública, es una verdadera zona de terror. Les guste o no les
guste, dijeran por ahí.
Email: aureliocontreras@gmail.com
X: @yeyocontreras

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